Etica para la enfermeria del mundo actual
Ninguna otra profesión permanece tan cerca de las personas durante todas las etapas de la vida. La enfermera acompaña el nacimiento, la enfermedad, la recuperación, la discapacidad, el sufrimiento, el envejecimiento y la muerte. Está presente cuando un paciente recibe un diagnóstico difícil, cuando una familia necesita esperanza, cuando un niño llora por miedo, cuando un adulto mayor enfrenta la soledad y cuando una persona da sus últimos pasos en la vida.
Por ello, la enfermería nunca ha sido únicamente una profesión técnica. Es, ante todo, una profesión profundamente ética.
Cada procedimiento realizado, cada palabra pronunciada, cada decisión tomada y cada silencio guardado poseen una dimensión moral. La enfermera no solo administra medicamentos o ejecuta protocolos clínicos; también protege la dignidad humana, defiende derechos, acompaña el sufrimiento, promueve la justicia y contribuye diariamente a construir una sociedad más humana.
La ética no constituye un complemento de la práctica profesional. Es su fundamento. Sin ética, la ciencia pierde humanidad. Sin ética, la tecnología puede convertirse en una herramienta de exclusión. Sin ética, el conocimiento deja de estar al servicio de la persona.

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